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¿Convertirse en emprendedor o permanecer como asalariado?

La disyuntiva entre ser emprendedor, (es decir, trabajar por cuenta propia) y ser asalariado (hacerlo técnicamente por cuenta ajena) es una de las cuestiones más discutidas en el panorama laboral. Son muchos los que han experimentado en algún momento ambas situaciones, que se reparten ventajas e inconvenientes. Otra cosa es el índice de importancia que, en nuestra escala personal, le otorguemos a dichos pros y contras así como las circunstancias del propio mercado, que en muchos casos son las que conducen a una u otra situación.

En este post nos vamos a centrar en la óptica del emprendedor, de aquel que se lanza a la aventura empresarial para trabajar para él mismo, tratando de huir de juicios categóricos y considerando que nunca va ser todo blanco ni gris, puesto que hay una amplia gama de grises entre uno y otro polo. Una cosa sí podemos afirmar: emprender un negocio, constituir una empresa, convertirse en autónomo y empresario, puede convertirse en una montaña imposible de escalar para algunos, una oportunidad apasionante de decidir su futuro para otros… pero un desafío para todos.

¿Eres de los que apuesta fuerte para ganar o te consideras más conservador y prefieres no arriesgar? En la respuesta a esta pregunta puedes saber si tienes el necesario espíritu emprendedor.

¿Por qué convertirse en emprendedor?

Comencemos hablando de aspectos materiales o palpables. Uno de ellos es la remuneración, los emprendedores tienen oportunidades ilimitadas de tener ingresos. Otra cosa es que lo consigan. Cuánto más trabajen, más pueden facturar. No hay un tope que dependa de un jefe o de un contrato laboral. Por la misma regla, cuando vienen vacas flacas (crisis económica, una baja laboral…) tampoco disfrutan de ingresos fijos y seguros, como en el caso de los asalariados.

En cuanto a la responsabilidad laboral, el emprendedor tiene una responsabilidad mayor puesto que es plenamente responsable de que sus clientes, el público y sus empleados estén contentos, sobre todo considerando que sus ingresos dependen de los interesados en su negocio.

El horario suele ser otro de los grandes caballos de batalla en el mundo laboral, especialmente a la hora de conciliar la vida laboral y familiar. En este caso, un emprendedor tiene la facultad, en la mayoría de casos, de organizarse su propia actividad, lo que permite una flexibilidad laboral de la que pocos trabajadores por cuenta ajena disfrutan. Lo mismo sucede con las vacaciones. No debe ser un orden de antigüedad ni turnarse con el compañero para poder disfrutar de unos días de descanso, porque el trabajo pasa por él y se hace responsable al completo de su negocio.

Por el contrario, fuera del despacho, del taller o de su entorno laboral el emprendedor puede encontrar dificultades para desconectar, por cuanto como máximo responsable de su negocio pasan por su persona las decisiones más importantes, posibles inconvenientes, imprevistos habituales y la resolución constante de pequeños o grandes problemas.

Ventajas fiscales

En material fiscal, los emprendedores pagan impuestos sobre sus ingresos después de deducir sus gastos, pudiendo reclamar como deducciones de su renta imponible los gastos deducibles de su relación con su negocio (transporte, combustible, maquinaria, herramientas…), lo que no puede hacer el empleado no puede reclamar como deducciones de su renta imponible su, alimentos y otros gastos relacionados con su empleo.

En cuanto a activos intangibles o emocionales, podríamos hacer mucha literatura, pero nos limitaremos a comentar que los emprendedores suelen hacer de su trabajo una pasión, lo que en muchas ocasiones (y en la versión más romántica) les lleva a invertir mucho trabajo y dedicación porque, además de ser su obligación, disfrutan realmente de lo que hacen.

La libertad, entendida como capacidad de decisión y de elección (en cuanto a actividad, organización, estructura, horarios, compañeros…) es lo que suelen valorar muchos jóvenes y no tan jóvenes que se lanzan a la aventura empresarial de emprender un negocio o crear una empresa.

Además, bien por vocación o por necesidad, los emprendedores suelen ser revolucionarios e innovadores, intentando sacar el máximo partido de sus talentos y habilidades. Y aquí es donde empiezan la pasión, el entusiasmo y su felicidad.

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